La sustentabilidad como concepto empresario

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Categoría: Opinión Creado en Lunes, 01 Junio 2015
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En el ámbito agropecuario la sustentabilidad es concebida, en general, como un concepto básicamente físico, atendiendo a necesidades productivas que obligan a pensarla más como un costo que como una inversión. Pero es necesario repensar la sustentabilidad para internalizarla desde un punto de vista económico incluyéndola como un factor más de la producción.


Juán Ignacio Lozano

l productor agropecuario argentino, en general, es muy proclive al análisis productivo de su actividad casi con exclusividad. Vemos, de este modo, que los eventos relacionados con aspectos de rendimiento, sustentabilidad y producción agronómica, son fuertemente atractivos y son, muchas veces, los ámbitos en donde se producen las discusiones  y los intercambios más enriquecedores. Pero de ninguna manera podemos pensar que es la única esfera de importancia.

En la agricultura como en cualquier otra actividad económica, el retorno y el rendimiento son pilares fundamentales, aunque no únicos, que promueven la innovación y los avances, el crecimiento y el desarrollo. Si una actividad no tiene incentivos económicos se vuelve vacía de contenido e involuciona promoviendo el lógico cambio en el giro de la empresa. Por tanto, el contenido económico de la actividad agropecuaria no debe descuidarse y, por el contrario, debe ser el fundamento de la misma. Es decir, integrar en la ecuación productiva factores que generen pérdidas o que no ayuden a maximizar las ganancias, va en contra de la lógica capitalista.

La sustentabilidad es más un concepto productivo que empresario. Con ese perfil, en EE.UU se agotaron los nutrientes a lo largo de los años y en la actualidad el Gobierno debe salir –desde hace ya bastante tiempo- a subsidiar la producción para que el agregado de nutrientes no se convierta en una impagable y pesada carga a la producción agropecuaria. Si el productor agropecuario no comienza repensar sus planes de producción con un fuerte perfil económico tratando de integrar el concepto de sustentabilidad como un componente más de su estrategia, el futuro no tan lejano nos obligará a emular los malos ejemplos al respecto que ya mencionamos. El agotamiento de los suelos no es tan palpable como una caída en la producción y es un efecto rezagado del sobreuso de la tierra; y como los seres humanos tenemos fuertes inconvenientes para medir los efectos rezagados de cualquier variable, lo más razonable sería que nos “sorprenda” el problema cuando ya esté instalado. La “reacción” de la naturaleza a nuestros maltratos con la atmósfera a través del calentamiento global es una muestra de ello.

Por supuesto que las responsabilidades son compartidas y no se le pueden cargar las tintas solo a quienes, como dueños de un factor importante de la producción, quieren sacar provecho de ello, más aún en una actividad con tanta incertidumbre. De este modo, y a partir de éste análisis, el Estado pasa a tener un rol fundamental como promotor y “estimulador” de la actitud “sustentable” que aquí venimos a resaltar. Debemos empezar a pensar en un Estado proactivo al respecto y no en un Estado que “corra detrás del problema” cuando sus efectos sean irreversibles. El Estado debe promover y estimular el retorno de los nutrientes que hoy le vendemos al mundo con cada grano de cereal que exportamos. Si en un futuro el agua, junto a los agroalimentos, se vuelve un bien estratégico, por ejemplo, la producción de tomates para la exportación se volverá un eslabón esencial que deberá reconsiderarse por el contenido de agua que el mismo tiene. Al mismo precio, lo más eficiente, desde un punto de vista económico, será tratar de comprarlo a un país que se especialice y utilizar el agua para consumo humano fronteras adentro. La misma lógica debería seguirse con los agroalimentos, que tienen incluidos nutrientes que hoy no se consideran para formar los precios. Claro está que hoy los productores agropecuarios no son formadores de precios y de este modo se  manifiesta su impotencia. Pero es, precisamente ese, uno de los más importantes y prioritarios problemas que el Estado debe resolver: que se transparenten los mercados y producir un esquema regulación adecuado, distante de la discrecionalidad actual. El Estado debe velar para que no se produzcan abusos en la cadena de producción, más aún cuando el equilibrio de poder, por la estructura misma del mercado, está tan desbalanceada.  La discusión debe empezar a darse hoy, y en este aspecto es necesario evolucionar de productor agropecuario a empresario en el análisis que se hace para complementar la esfera productiva. La sustentabilidad es un concepto muy difundido y discutido en la actualidad, pero hay que pensar con criterio económico para no terminar “vaciando” al agro. Si  la sustentabilidad como concepto no tiene respaldo económico se volverá una abstracción imposible de llevar adelante. No esperemos a que el futuro nos sorprenda. La coyuntura no puede ser todo y es necesario integrar estrategias de largo plazo en las discusiones actuales.

 

JUAN IGNACIO LOZANO
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios
Ideas&Economía
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